La insoportable levedad del PEI

Por: Beatriz Jaime Pérez (Profesora Facultad de Ciencias Humanas y Artes)

“Le pido respeto, profesora. Usted ha hecho unos comentarios muy irrespetuosos”, dijo el Coordinador General de Currículo, de la Universidad del Tolima, Luis Alfonso Argüello Guzmán, el pasado martes 22 de julio, en una reunión general de profesores de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes, luego de que le expresara lo mismo que he venido diciendo desde hace varios meses en distintos escenarios de la Universidad: que el PEI es un documento con más de 150 errores elementales de ortografía, de concordancia, de sintaxis, de puntuación, de digitación, de diagramación y de estilo en general.

El hecho de que Argüello Guzmán diga públicamente que no es cierto que el documento tenga todos esos errores, revela incapacidad de autocrítica, algo que yo no juzgo con tanta dureza. En cambio, decir que es un irrespeto de mi parte declarar que los tiene, es deslegitimar la crítica, pues la coloca en el mismo nivel de la grosería, lo cual es inaceptable en cualquier escenario, pero especialmente en una universidad. Esta es una actitud frecuente en la UT y en este funcionario en particular. (Recordemos que Argüello Guzmán sugirió abrir un disciplinario contra el profesor Alexander Martínez Rivillas, porque éste escribió un artículo en el que describe algunos rasgos del régimen hacendatario y señorial que perviven en la prácticas administrativas de la UT).

Sobre los errores del PEI, lo preferible habría sido que el Rector, José Herman Muñoz Ñungo, hubiera iniciado alguna acción para corregirlos, sobre todo después de que le entregué una carta, en mayo pasado, en la que expreso formalmente mi preocupación, no sólo por los errores de este documento sino también por los del Plan de Desarrollo de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes. Pero no. Nunca respondió la carta, ni se acercó a preguntarme por esas revelaciones que hago en las dos cuartillas que le envié.

Entonces, dado que Argüello Guzmán no reconoce los errores del documento y a Muñoz Ñungo no le interesan, no me queda más que revelar sus más de 150 faltas gramaticales. Repito: el PEI tiene más de 150 faltas — sugiero respetuosamente que las cuenten—.

Voy a comenzar por la redacción. En este aspecto, los problemas no son de algunos párrafos, sino de la composición en su totalidad. La redacción del PEI evidencia desdén por la escritura, descuido en todos los sentidos. En todos. No solamente es una labor difícil encontrar un párrafo sin errores gramaticales, sino también encontrar uno que pueda ser leído con agrado.

Estos son algunos ejemplos del tipo de redacción presente en el PEI:

“Se entiende por currículo la construcción dialógica que estructura una cultura institucional los campos de formación y el conjunto de políticas…” (Página 36).

“Ser profesor universitario de la Universidad del Tolima implica educar personas, a la vez que son formados por las sensibilidades de los estudiantes, para que se desempeñen…” (Al final de la página 60).

“En tanto tenemos claridad sobre las voces pedagógicas (Argüello, 2010) que intervienen en las trayectorias de formación, podemos enfrentar las estrategias que se tienen muchos géneros de prácticas académicas…” (Al final de la página 62 y comienzo de la 63).

“El seminario de investigación es una estrategia para aprendizaje la cual los estudiantes y profesores participantes…” (Página 63).

Y lean este otro, de la página 37, que por querer decir algo importante, termina confundiendo porque tiene dos verbos de acción: “Debe existir una política de publicaciones que considere el libre acceso al conocimiento producido en la Universidad del Tolima, además de hacer visibles las publicaciones seriadas (sobremanera) como la estrategia de posicionamiento de los profesionales académicos en las comunidades académicas y científicas de cada disciplina académica es necesario profundizar en la relación producción de conocimiento y su nivel de publicaciones calificadas.”

En cualquier página, el PEI exhibe una redacción descuidada, pero sugiero leer con especial atención párrafos como el segundo de la página 38; el último de la página 50 y el primero de la página 51, que además no tiene verbo de acción, o sea, tiene un grave error semántico. También el segundo de la misma página y el último de la página 53 y primero de la 54. También abundan los párrafos que aparentan no tener errores, pero lo expresado en ellos es tan “profundo”, que nunca alcanzan a ver la luz, como este de la página 56: “Es necesario dejar en claro que no se trata de hablar de un enfoque curricular basado en problemas (Malagón, 2004), sino de aprendizaje basado en problema con un fuerte peso de formulación de preguntas y solución de problemas.”

Es difícil comprender que un documento institucional tan importante como el PEI, cuyas páginas preliminares dan crédito a cinco pares académicos internos y a siete lectores internos, haya quedado impreso con tantos errores elementales.

Las faltas de acento ortográfico, por ejemplo, son las más prominentes, pues suman más de 70. ¿Será que estoy desactualizada e ignoro la existencia de una nueva corriente lingüística, según la cual la acentuación ya no forma parte de la ortografía? Me lo pregunto porque la formación académica de Argüello Guzmán es justamente en lingüística. En ese caso, tendré que pedirle al lingüista que me explique lo que debo hacer con palabras como, por ejemplo, público, con tilde en la antepenúltima sílaba, que en unos contextos es un sustantivo y en otros es un adjetivo; publico, sin tilde, que es el verbo publicar conjugado en primera persona, tiempo presente; y publicó, con tilde en la última sílaba, que es el mismo verbo, pero conjugado en tercera persona, tiempo pasado. Por lo elemental, casi me siento avergonzada de lo que acabo de decir y de lo siguiente que diré: adjetivos, verbos y sustantivos son categorías gramaticales diferentes y por tanto tienen significados diferentes.

Para visualizar mejor estos errores en el PEI, sugiero que revisen el documento desde la página 29 hasta la 34. No quiero decir que los errores de este tipo se encuentren sólo en esas seis páginas. No. Se puede constatar que abundan a lo largo de todo el documento. Es sólo que en esas seis páginas se ven con mayor “esplendor”.

Las faltas de concordancia gramatical también se encuentran en forma abundante en el PEI. Ahora mismo me asalta de nuevo la duda que expresé anteriormente sobre la posible existencia de una nueva corriente de la lingüística, que ignoro, y que posiblemente eliminó también los tipos de concordancia existentes en la lengua castellana, con lo cual ya no es necesario que coincidan verbo y sujeto; género y número, circunstancia en la cual estaría bien escribir, por ejemplo: “En el caso concreto de los análisis sobre campos de formación se han redactado una variedad de documentos que…” (Página 19).

De todas maneras, mientras espero que el lingüista me dé las luces que le estoy pidiendo a gritos, voy a transcribir algunas faltas de concordancia presentes en el PEI, aunque resulte un ejercicio aburrido.

Página 19: “…además, esboza una panorama de…”

Página 29: “En el Proyecto Educativo Institucional (PEI) se entiende por políticas académicas un canon de lineamiento institucionales generales que sirven…” (Esta expresión se repite tres veces con el mismo error).

Página 51: “Para lograr este acercamiento se requieren esta área de trabajo…” (Esta expresión se repite cuatro veces con el mismo error).

Página 55: “…preguntas que hacen de referente de lo que nos rodean.”

Página 67: “… la rigurosidad, la pluralismo metodológico, la interdisciplinario y transdisciplinario…”

El otro aspecto que hace del PEI un documento escrito con total descuido, es el uso abusivo de la letra mayúscula. Mal contados, aparecen 39 errores de este tipo. De todos, el que más llamó mi atención fue el uso de la letra mayúscula después de una coma (Páginas 21, 23, 31, 51). Este estilo irreverente fue inaugurado por José Saramago, quien impuso con maestría una nueva gramática. El problema es que el PEI no tiene ninguna intención de seguir al destacado escritor; en este caso es sólo un error, pues de lo contrario todo el texto estaría escrito con ese estilo.

Y a propósito de comas, muchas de estas fueron puestas en cualquier parte del texto, o en su defecto no fueron escritas cuando eran necesarias. Voy a señalar un error común en el PEI: una coma entre el sujeto y el verbo, como en el siguiente ejemplo “Las calidades y las competencias de las personas, constituirán los criterios básicos…” (Página 25). O la ausencia del signo, como en esta oración elíptica: “La primera trata el tema de la diversificación de la oferta académica y la cobertura; la segunda de los recursos, (…) el trabajo docente y la planta física y; la tercera de las limitaciones institucionales…” (Página 15). La coma elíptica que hace falta luego de las palabras “segunda” y “tercera” es un error en casi todas las oraciones de este tipo, contendidas en el documento. Pero ya que estamos en este aparte, cómo les parece el punto y coma luego de la conjunción Y.

Los errores en el uso de la coma también se encuentran en frases enumerativas como la siguiente de la página 26: “Propiciar la integración institucional e interinstitucional, como medio para hacer eficaces los esfuerzos para el logro de la Misión, visión principios y objetivos”. Bueno, en este párrafo se pueden observar errores de puntuación, de uso de la letra mayúscula y de estilo.

A propósito de estilo, veamos algunos errores de este tipo: “…privilegiando la experiencia vivida de comunidades marginalizadas del campo y ciudad” (Página 31 y 32); “…el profesional que desea tener formación profesional…” (Página 66) y en la misma página “…orientada a la formación integral de los integrantes de la comunidad…” “Desde estas tres posibilidades se posibilita la idea de…” (Página 70).

Al mejor panadero se le quema el pan, dice un adagio popular. Y yo que soy una convencida de la sabiduría popular, asumo como cierta esa premisa. Pero dudo mucho que al mejor panadero se le quemen más de 150 panes en una misma cochada.

Aunque no parezca, no soy una defensora de la lengua castellana per se. Más aún, hago una férrea crítica de los anquilosados y retrógrados personajes que conforman las distintas Academias de la Lengua Española en varios países del mundo, por su incapacidad para aprehender la riqueza léxica de los países latinoamericanos y del Caribe. Defiendo el nacimiento de nuevas palabras, de nuevas formas de significar con el idioma. Me encanta escuchar a los estudiantes, porque son los jóvenes quienes mejor recrean la lengua. Me gusta leer a Saramago, entre otras razones, por la transgresión que hace de la gramática. Me parece genial la manera como Gabo incluye la primera y la tercera persona en un relato, sin que medie signo de puntuación alguno, en varias de sus obras, etcétera.

Pero cuando uno está ubicado a años luz de esos genios y además tiene la responsabilidad de contribuir en la formación de otras personas, porque trabaja en una universidad, no puede salir con una escritura tan desatinada como la del PEI.

Mi intervención no ha tenido el propósito de colocar a la gramática por encima de las ideas. Yo no esperaba formas literarias en el PEI; tampoco, una apuesta revolucionaria. Me habría conformado con que se entendiera. Más aún, si se entendiera, no me habrían importado tanto las faltas de ortografía y todas las demás, porque creo profundamente que cualquier escrito comunica y puede alcanzar belleza si está hecho para ser comprendido.

Pero el PEI no está hecho para ser comprendido. Al contrario, podría servir a quien se interesara por concebir la versión criolla de Imposturas Intelectuales, al estilo de Alan Sokal.

Ni siquiera es un texto confiable. Sus referencias bibliográficas tampoco escaparon a los errores. Clark, por ejemplo, aparece citado dos veces en la página 21, con referencias que corresponden al año 1998, en la primera cita, y a 1986, en la segunda, pero los dos libros de Clark registrados en la bibliografía son de 1995, con lo cual se puede inferir que ninguno de los dos corresponde a las citas referenciadas.

Pasa lo mismo con la cita de Carlina, página 54, referencia en el texto que tampoco aparece en la bibliografía. Es posible que se trate de Carlino, que sí aparece en la bibliografía; si es así, entonces lo que hubo fue un error de digitación. Se citan dos documentos de Wasserman, páginas 55 y 66, pero en la bibliografía sólo aparece uno. Del otro no sabemos nada. Todo esto sin contar con que la bibliografía está puesta en perfecto desorden, en la que aparece, por ejemplo, un libro de Sastre clasificado dos veces, sin seguir el orden alfabético en ambos casos, pero en la segunda clasificación aparece con un elemento nuevo: los números de las supuestas páginas de donde se tomaron las ideas de este autor, sólo que en el texto nunca se usaron, porque Sastre no fue citado.          

Es de resaltar que la bibliografía, además de contener errores de clasificación y de digitación, está diagramada de tal suerte que si se busca, en el formato impreso, a un autor cuyo apellido no comience por A, puede tardar mucho tiempo en encontrarlo, si es que lo encuentra, porque no hay ninguna viñeta que ayude visualmente a separar a un autor de otro, de modo que aparecen apiñados de la peor forma.

No se crea que los errores del PEI acaban en la forma. Los de fondo son todavía más graves, tanto que ameritarían un análisis aparte. Pero no lo voy a hacer aquí, porque varios profesores de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes ya lo han hecho, en forma verbal y también por escrito.

Pero no puedo terminar esta intervención sin hablar de la más grande de las “perlas” que “adornan” el PEI: la definición de profesor universitario. La voy a transcribir dos veces: la primera, sin las 16 citas, para que se aprecien mejor los retruécanos tautológicos, de los que habla el profesor Oscar Ayala en sus reflexiones sobre este concepto; el lenguaje cantinflesco y el grado de ridiculez de esta retorcida idea, como dice el profesor Pierre Díaz en sus intervenciones orales y, en fin, para que se aprecie su increíble parecido con la respuesta que podría dar una reina de belleza, según las parodias en las redes sociales:

“El profesor universitario es un profesional académico que actúa como líder académico en las instituciones de educación superior, a su vez que se desempeña como intelectual con su ser y hacer en el tránsito entre intelectual y académico. Desde esta óptica, el profesor universitario de la Universidad del Tolima es un profesional académico que recupera el lenguaje como forma de restablecer el valor del decir que empalabra el pensamiento reflexivo y el juicio crítico lo cual permite la discusión y el debate académico por el bien de la democracia y del rescate de valores, de lo ético y de los principios de responsabilidad.”

La segunda va con todas las citas para que, quienes aún no lo han hecho, evalúen las expresiones que fueron atribuidas a uno, dos y más autores. La expresión profesor universitario, por ejemplo, mereció cinco citas, cuando en realidad se trata de una expresión cotidiana, sobre todo para quienes estamos dedicados a este oficio. Otro tanto sucede con expresiones como líder académico o institución de educación superior, que no son más que nombres ya digeridos por la cultura, elementos conocidos y obvios en la comunicación. Este estilo, además de evidenciar arrogancia y estulticia, sólo logra hacer más farragosa la lectura:

“El profesor universitario (Boyer, 1990; Knight, 2002; Bain, 2004; Gros y Romaná, 2004; Argüello, 2009, 2010) es un profesional académico (Uricoechea, 1999; Mondragón, 2005; Ortíz, García y Santana, 2008; Parra Sandoval, 2008) que actúa como líder académico (Macfarlane, 2012) en las instituciones de educación superior, a su vez que se desempeña como intelectual (Said, 1996; Follari, 2008) con su ser y hacer (Rovira, 2007) en el tránsito entre intelectual y académico (Le Goff, 1985). Desde esta óptica, el profesor universitario de la Universidad del Tolima es un profesional académico (Cardozo, 2006) que recupera el lenguaje como una forma de restablecer el valor del decir que empalabra (Argüello, 2005) el pensamiento reflexivo y el juicio crítico lo cual permite la discusión y el debate académico por el bien de la democracia y del rescate de valores, de lo ético y de los principios de responsabilidad.” (Página 60)

A manera de colofón: dije 150 errores. Me equivoqué, son 193… Bueno, sé que un corrector de estilo poco riguroso encontrará más de 200. Pero uno verdaderamente serio, devuelve el texto en su totalidad.

P.D. Estas observaciones, más las de fondo que hicieron otros profesores del Departamento de Artes y Humanidades, fueron expresadas el año pasado al Secretario Académico de la Vicerrectoría Académica, José Sídney Sánchez Vargas. Pero, como es costumbre, esas reuniones son sólo mamparas que sirven para luego decir públicamente que la base profesoral fue consultada.

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6 comentarios en “La insoportable levedad del PEI

  1. Es muy claro lo que evidencia la profesora Beatriz Jaime en la columna de arriba, por ello me recuerda la novela de Milan Kundera, que le inspira el título del escrito a la profesora; esto debido a que en una parte de “La insoportable levedad del ser”, se da una definición de lo que es el kitsh:

    “En el transfondo de toda fé, religiosa o política, está el primer
    capítulo del Génesis, del que se desprende que el mundo fue
    creado correctamente. . . . A esta fé la llamamos acuerdo
    categórico con el ser. … El desacuerdo con la mierda es
    metafísico. El momento de la defecación es una demostración
    cotidiana de lo inaceptable de la creación. Una de dos: o la
    mierda es aceptable (¡y entonces no cerremos la puerta del
    baño!), o hemos sido creados de manera inaceptable.De esta manera se desprende que el ideal estético del
    acuerdo categórico con el ser es un mundo donde la mierda
    es negada y todos se comportan como si no existiese. Este
    ideal estético se llama kitsch. . . . kitsch es la negación
    absoluta de la mierda; en sentido literal y figurativo. El Kitsch
    elimina desde su punto de vista todo lo que en la existencia
    humana pudiera considerarse inaceptable.” Milan Kundera, 1984

    En la universidad, la mierda no se puede negar, no todos han de quedar silenciados o invisivilizar lo evidente, o seguir la doctrina de un régimen hacendatario y señorial en el que se acusa y persigue con maquinaria burocrática a los que llaman a las cosas por su nombre.
    Por eso en una buena universidad a la mierda se le llama mierda, como lo que es el PEI actual.

  2. TODO ESTO QUE OCURREE ES UNA PENA TANTO PARA LA INSTITUCIÓN COMO PARA QUIENES HACEMOS PARTE DE ELLA. y LOS SEÑORES DEE ARRIBA, NO QUIEEREN RECIBIR NINGUNA CRÍTICA. QUE PENA ME DA…

  3. Admirable gesto de vocación por desarropar la escritura institucional, largos años anquilosada en el primado del pragmatismo, la componenda, la heteronomía corporativista y, sobre todo del esguince de la norma. Una escritura volátil, rigorista e irrespetusa de la sindéresis y la sintáxis. En todo caso, esta bien saludar el nacimiento de una flor desconocida, de textura más que recia, en el campus del Alma Máter. La sensación de la novedad puede inquietar el desierto donde campea el chiste, la burla, el desdén, la represión del disenso, la componenda disfrazada de consenso y la supuesta critica a la mediocridad, a la pereza. Es mejor que llueva pronto.

  4. Lastimosamente ya había notado estás faltas gramaticales en el PEI… lo peor es que al tener que citar textualmente EL PEI debemos hacerlo con la falta incluida…pfff debemos mejorar el PEI y no solo por sus faltas gramaticales, por su falta de realidad con lo que se plantea en el papel y con lo que se hace…

  5. Que buen texto, el de la profesora por supuesto, que da cuenta de un “académico”, como para no hablar de leguleyos que le dan degüello a la escritura, pero buen texto sobre todo porque da cuenta de un deprorable ethos….

  6. En todas las universidades colombianas desde hace años campea la mediocridad alimentada por la burocracia académica, por lo general muy pobre en sus discursos, por ello no encuentran otra salida que ocultarse bajo el ropaje de una falsa “empalabreria”. Que palabra más diciente para referirse a los empalabradores del conocimiento (más bien filibusteros y fariseos del conocimiento) y el defensor de un PEI tan precario… Mi apoyo a la pluma sagaz y frentera de la profesora Beatriz.

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